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Apoyo al duelo

duelo patológico

 

En los últimos tiempos parece que la ciencia y la técnica han circunscrito la muerte únicamente al ámbito de la medicina. Al desterrar a la muerte se ha confinado al duelo en el silencio. La persona sometida al duelo se encuentra, no solamente sometida al sufrimiento de la pérdida, sino que, debe enfrentar la confusión y el desconocimiento del proceso que está sufriendo. Se ve sometida a sufrir la presión que ejercen sobre ella los principios sociales que están en contradicción con la dinámica psicológica que se activa después de que haya fallecido un ser querido. El duelo no se limita a la pérdida de un ser querido, cada ruptura, cada abandono implica, en según qué niveles, un trabajo o proceso de duelo, dónde asimilar la nueva realidad.

Sufrir la pérdida del ser querido

No resulta fácil dividir la evolución de un proceso de duelo, pues cada persona vivirá el duelo de una forma distinta. Desde una perspectiva general, y respetando siempre una distancia entre lo que aquí señalaremos como etapas del duelo, y la vivencia personal de cada uno, según las circunstancias y experiencias previas, podemos diferenciarlas siguientes fases del duelo:

  • Negación: Es la fase de choque, en la que la persona ante la pérdida de un ser querido, permanece incrédula, no puede concebir el impacto ni las consecuencias de la defunción. Esta etapa tenemos que entenderla como un medio para protegerse de una realidad que no podemos aceptar. Esta protección psíquica permitirá sumir ese primer nivel del duelo.
  • Huida: se producen momentos en que se intenta reencontrar a la persona que se ha ido. Puede incluso producirse la sensación de que se podía haber evitado. Es normal que las personas se encuentren aturdidas y con trastornos de la alimentación y del sueño, o momentos de pérdidas de control.
  • Tristeza y desorganización: Durante las semanas siguientes una inmensa tristeza nos pone cara a cara con la realidad y es muy normal sentir falta de energía, incluso miedo a afrontar la pérdida, pero ya se ha producido una toma de conciencia de lo sucedido, y, aunque duele, comprenderlo y asumirlo, supone una etapa natural.
  • La fase de asimilación de la realidad y reestructuración: esta fase se impone lentamente, incluso sin que nos demos cuenta que está sucediendo. Lo vamos integrando y comenzamos a asumirlo. A este momento se llega realizando pequeños ajustes en nuestra vida, realizando cambios que suponen, muchas veces, re-definir las relaciones con los demás, con el difunto y con uno mismo.

Las emociones del niño en situaciones impactantes

Respecto a los niños en duelo, es evidente que están en constante maduración psicológica por lo que la comprensión de la situación vendrá dada por su edad. En cualquier caso, necesitarán la ayuda de los adultos, familia, profesores, etcétera, puesto que una pérdida o una situación impactante en la infancia o primera juventud, supone un gran golpe emocional para un niño o niña.

Evolución psicológica ante la expresión del duelo

El duelo es un proceso en evolución y es diferente dependiendo de la persona que lo está pasando. Es positivo y necesario que se viva el duelo, poder expresar lo que sentimos hasta que llega un momento ya no resulte doloroso, y poder decir que nos hemos recuperado. El duelo tiene su razón de ser y si no lo atravesamos puede convertirse en algo patológico. Nos permite evolucionar, madurar y aceptar situaciones inesperadas en la vida, ayudándonos a equilibrar el desequilibrio que se ha producido.

El sufrimiento mental del duelo patológico

La mayoría de las personas no necesitan ayuda para vivir su duelo. El problema surge cuando alguien no lo resuelve adecuadamente y lo mantiene en el tiempo. Entonces puede suceder que se convierta en un duelo patológico, una situación en la que no se ha resuelto, porque quien lo padece recurre a conductas en las que no se adapta a la nueva situación y no se avanza en el proceso del duelo, hacia su solución. Así el duelo crónico, lo será, si pasado un año la persona sigue sin poder aceptar el dolor, la ansiedad o la angustia que siente cada vez que recuerda la pérdida; el duelo retrasado o pospuesto, cuando no se ha exteriorizado puede volver a experimentarse una fuerte carga emocional, cuando algún acontecimiento reabre la herida; el duelo exagerado, surge cuando la persona trata de evadirse con conductas auto-destructivas, como pueden ser el consumo excesivo de alcohol o centrarse compulsivamente en el trabajo, o, en los casos más agudos, pueden desarrollarse trastorno psíco-patológico, como ansiedad o depresión; el duelo enmascarado que es el que se esconde detrás de conductas que surgen en las personas que no lo superaron y viven con ansiedad o trastornos alimentarios, sin saber que su malestar está relacionado con el duelo no resuelto. Si el tiempo pasa y no se es capaz de resolver la angustia de la sensación de pérdida quizás sea el momento de acudir a un especialista que pueda ayudar a revertir los efectos negativos de duelo patológico.

El proceso del ritual ayuda a cuidar la salud mental

Los rituales son fundamentales en los procesos de duelo, nos ayudan a decir adiós, dándonos un apoyo en momentos tan duros. Ritos como encender una vela en honor del difunto, el propio funeral o entierro, son maneras implantadas en la cultura que, ayudan a que aceptemos con más calma, la muerte de un ser querido, siendo un apoyo necesario para la familia. Estar en compañía de nuestros seres más próximos es fundamental en los momentos difíciles.

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