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Fanatismo: ¿problema de salud mental o no?

El fanatismo es una pasión exacerbada, desmedida y tenaz, particularmente hacia una causa religiosa o política, o hacia un pasatiempo o hobby.

Todos los valores, creencias, principios, planteamientos y hasta costumbres, que no coincidan con los que uno cree que son los verdaderos, carecen de validez, son falsos o no se tienen en cuenta, o se rechazan. El problema llega cuando se impone una creencia, principios… y pone todos sus medios a su alcance, incluso la violencia que se crea necesaria para lograr la imposición sin ningún límite.

Fanatismo, problema de salud mental

Hay, por ello, diversas clases de fanatismo:

  • Fanatismo religioso: Quienes creen que debe tenerse fe en algo sobrenatural, o precisamente en las creencias que ellos tienen, y están dispuestos a imponer su opinión.
  • Fanatismo científico: Pretende imponer la creencia en el valor absoluto de conclusiones de la ciencia que, en no pocos casos, son difícilmente discernibles de opiniones filosóficas o hasta de opiniones religiosas.
  • Fanatismo económico: es fanatismo, y fanatismo suicida, la adoración del mercado por parte de algunos liberales en materia económica, o de los llamados neocons.
  • Fanatismo político: el de quienes se cierran en sus posiciones y son incapaces de cualquier clase de pacto que les suponga la menor merma de sus convicciones. Es esta, quizá, una de las formas más sospechosas de fraude.
  • Fanatismo jurídico: Es el de quienes creen que el derecho tiene respuesta para todas las situaciones de la vida, y, por ello, no entienden que el belicismo y la guerra puedan llegar a ser inevitables o de evitación muy difícil, cuando el derecho, como toda realidad humana, hace agua ante los retos de la realidad.
  • Fanatismo deportivo: el feroz chauvinismo en el deporte, o más bien en los juegos y las competiciones atléticas de alto nivel.
  • Fanatismo sanitario: por ejemplo, los excesos a los que ha llegado el antitabaquismo hasta el extremo ridículo de acceder al plano de la ley, solo pueden explicarse como reflejo de fanáticos que quieren imponer cánones sanitarios exagerados a todo el mundo. Olvidan que el cuidado de la salud es un asunto personal y que, si topamos con un ambiente de tabaco que nos pareciere desagradable, y hasta peligroso, nuestra opción es alejarnos o soportarlo, pero no imponer nada a quienes se mueven voluntariamente en ese ambiente. Creo que exagerar es pernicioso y hay una buena relación de personas que han vivido hasta los noventa y más años, fumando con cierta moderación, a veces, fumando mucho (D. Josep Plá, D. Santiago Carrillo). Este último está aún vivo, pero otros no han muerto de nada relacionado con el tabaco. El número real de estos casos es, por supuesto, infinitamente mayor que los elocuentes botones de muestra apuntados.
  • Fanatismo naturalístico: Puede ser zoológico, que lleva su insensatez a confundir el deber de las personas de respetar -por respeto a sí mismas- todas las cosas y, entre ellas, a los animales, con unos imaginarios y demenciales derechos de estos últimos, absolutamente inexistentes. Puede ser fitológico, de defensa inmoderada e insensata de las plantas, a las que hay ya quien parece atribuir inteligencia y sensibilidad. Con estos dementes dentro de poco no podremos comer ni siquiera lechuga.
  • Fanatismo del sexo: incurren los excesos no solo de cierto feminismo, sino de nuestra sociedad, en general, que solo parece saber defender los derechos de la mujer, conculcando los del varón y fomentando una guerra suicida de los sexos que son evidentemente complementarios, se necesitan recíprocamente y deben respetarse y coordinarse con igualdad de derechos para ambas partes en forma adecuada y gozosa. Evidentemente, es necesaria una acción permanente en favor de la equiparación igualitaria, en primer lugar porque la igualdad implica equilibrio y mantenerlo exige esfuerzo incesante, y en segundo término porque nuestra sociedad no puede permitirse el lujo estúpido de dejarse llevar de un largo peso histórico, marginando los enormes valores y aportaciones de la población femenina, que es, más o menos, el 50% de los efectivos.
  • El fenómeno fan también puede ser una clase de fanatismo, ya que pueden llegar a extremos de nerviosismo, hasta llegar al desmayo, y pueden llegar incluso a matar al cantante, actor, etc. por ese fanatismo que se vuelve irracional.

Todo llevado a lo irracional o exageración desmedida, es malo para nuestra salud mental.

En el fondo, el fanatismo desmedido nace de un trastorno de la personalidad, sea inducido por el ambiente social en el que la persona desarrolla su vida.

Todos los fanatismos se engendran y alimentan, de uno u otro modo, en las vísceras y, por tanto, arremeter solo contra el fanatismo religioso es un arriesgado error de objetivo. Todo fanatismo desmedido es peligroso; el peligro que representa depende mucho menos del campo en el que se afinque, que del número de adeptos que sea capaz de allegar y de la tendencia de los mismos a aglutinarse. Con todo hay facetas del ser humano que resultan más propensas a mover masas y, por ello, a organizar seísmos sociales. La política, la religión, la economía, el derecho y algunas competiciones de alto nivel arrastran hoy con facilidad a la masa y se convierten en un fenómeno actual particularmente agresivo y peligroso.

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