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Fumar porros duplica el riesgo de psicosis

Ana González Pinto, Jefa de Psiquiatría del Hospital de Álava: Fumar porros duplica el riesgo de psicosis
La especialista alerta de que el consumo continuado de cannabis en gente joven puede llegar a desencadenar una esquizofrenia

Cada vez hay más evidencia científica de que fumar porros puede tener graves consecuencias para la salud.
«El riesgo de psicosis entre los consumidores de cannabis es el doble que en la población general. Un 4% frente a un 2%», alerta la psiquiatra Ana Gonzalez-Pinto, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital de Álava.
La sociedad ha vivido un fenómeno curioso en los últimos años. Mientras crecía el rechazo a los fumadores de tabaco, expulsados ya casi de todos los sitios, crecía la simpatía social por los consumidores de hachís. Entretanto, las consultas de psiquiatría han experimentado un crecimiento espectacular de casos de pacientes, jóvenes en su mayoría, afectados por enfermedades graves como consecuencia de su adicción a la marihuana. Dos de cada tres pacientes psiquiátricos que son ingresados en un hospital por psicosis son consumidores de cannabis. «Con esta sustancia se ha hecho cierta propaganda de que se trataba de una droga blanda, que relaja y se consume de forma recreativa, pero hasta hace dos años hemos vivido con ella un auténtico drama», resume la especialista, que acude hoy al foro Encuentros con la Salud de EL CORREO.

Alucinaciones
La psicosis es el término con que se conocen los trastornos de la mente caracterizados por cierta pérdida de contacto con la realidad.

La mayoría de los fumadores de porros podrían relatar experiencias de alucinaciones y de ideas delirantes que como vienen se van y que son, según relata González-Pinto -cuyo equipo cuenta con una dilatada experiencia en el tratamiento de la enfermedad mental-, síntomas psicóticos. La existencia en el mercado negro de hachís cada vez más potente, más rico en una sustancia psicoactiva denominada tetrahidrocannabinol (THC), ha provocado un aumento tanto del número de pacientes como de la gravedad de los casos que presentan.
La mayoría de los ingresos corresponden a chavales con una media de edad de 23 años. Consumen cannabis todos los días, ajenos al grave riesgo al que se enfrentan, no sólo de tipo sanitario, sino social. El cerebro del ser humano se va desarrollando a lo largo de la infancia y la adolescencia hasta los 24 ó 25 años. La introducción de sustancia psicoactivas en ese periodo de formación, a partir de los 14 años, que suele ser la edad de inicio,tiene un efecto sobre los neurotransmisores y como consecuencia sobre la memoria, el rendimiento y las capacidades cognitivas, aunque no sólo.

Un 20% de los afectados, uno de cada cinco, se ve abocado, además, a un «tremendo deterioro» de su calidad de vida. «Cuantos más años pasan de consumo, peor. Se deteriora el acceso al trabajo, a formar una familia, el círculo de amigos, todo aquello, en fin, que el ser humano considera necesario para llevar una vida normal. Ocurre en los pacientes con esquizofrenia, pero en los consumidores de cannabis incluso más», destaca.

El abandono del consumo permite la recuperación, prácticamente total, al 80% de los pacientes. La mejoría no se produce de la noche a la mañana, sino pasados cuatro o cinco años desde que se abandona la droga. El resto, después de un consumo continuado de unos seis años, puede sufrir daños irreversibles.

En ambas situaciones, la terapia que se aplica es la misma que para la esquizofrenia, con fármacos antisicóticos e ingresos hospitalarios. De hecho, los que sufren los casos más graves llegan a desarrollar esta segunda enfermedad. La droga va generando, poco a poco, cambios en el sistema nervioso central. Aumentan unos neurotransmisores, descienden otros y finalmente acaba apareciendo una esquizofrenia.

Autor:  Fermín Apezteguía
Fuente: www.elcorreo.com

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