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Introducción psicológica a las familias corruptas

Psicología de las familias corruptasÚltimamente los episodios de corrupción en España se suceden de una forma desmesurada, cuestión que nos hace plantearnos si esta práctica está arraigada en la naturaleza de los ciudadanos de este país, si existe algún otro motivo o si es un cúmulo de circunstancias las que han hecho que lleguemos a este contexto de lo más preocupante y desalentador.

Ser conscientes del engaño

La corrupción es una de las peores prácticas. Afecta a empresarios, políticos, jueces, ningún estamento de la sociedad parece estar libre. Hay estudios que vienen a indicar que el hombre es mucho más corrupto que la mujer, pero ¿es eso cierto? Existe realmente un gen que nos decanta como “corruptos”, es la corrupción una lacra social o una patología metal que debiera ser tratada, está la corrupción tan mal vista en todos los lugares, hay una propensión a creer que todo tiene un precio. Y quien se desmarca y se autoproclama como incorruptible es una afirmación real o se corresponde más bien a un “desajuste” mental. Que pasa por la mente del corrupto que llega a determinados puestos con promesas que sabe que deliberadamente no va a cumplir… y al ciudadano como le afecta mentalmente descubrir que en quien confió le defrauda y miente.

La lacra de la corrupción consentida

Cabe señalar que la corrupción es tan antigua como las propias sociedades. Ya en la antigua Roma, este hábito deleznable estaba fuertemente instalado, así como en otras sociedades antiquísimas. Tal asunto puede hacernos pensar que es un comportamiento que viene asociado a la condición humana, pero se trata más bien de una tendencia ligada al entorno, es decir, a los valores, la educación y a la cultura que nos rodea.

Y es que existe un pensamiento bastante generalizado en el que, de forma inconsciente o consciente, se normaliza este tipo de prácticas; es habitual escuchar a parte de la ciudadanía afirmar que es de bobos no aprovecharse de ciertos privilegios cuando se tiene una parcela de poder, o de creer plenamente que al político o al empresario de turno no le va a pasar nada y no le caerá el peso de la ley (no se piensa eso si se comete un asalto a una joyería, por ejemplo). Incluso analistas políticos, a diario, dan a entender que es una costumbre propia del sistema, legitimando de alguna manera estos comportamientos denigrantes. Tal vez habría que empezar por erradicar esta clase de razonamientos si se quiere progresar de forma positiva, acabando con esta especie de patología social en la cual estamos inmersos. Tanto es así, que hay un alto número de ciudades donde políticos imputados en casos de corrupción siguen ganando elecciones, cuestión que provoca escalofríos en algunos casos.

Una sociedad enferma

Está claro que esta serie de detalles no se les escapa a los corruptos que ocupan determinados puestos destacados con la idea de que van a tener casi total impunidad, de tal modo que el remordimiento por su mala praxis les afecta en muy poca medida. Por tanto, no podemos pensar que es una patología propia del individuo o que ya le viene impuesta en sus genes, sino que más bien se trata de que vivimos en una sociedad enferma, convirtiendo a esta lacra en algo realmente complejo, en la que interviene ampliamente un sistema que valora el consumo desmesurado y el afán acaparador.

Diferencias ante la corrupción: ¿Hombres y mujeres son iguales?

Por otra parte, unas investigaciones realizadas en la Universidad de Rice (Texas, EEUU) confirman que las mujeres se inclinan más a la desaprobación de la corrupción política, y tienden menos a inmiscuirse en episodios de corruptelas, aunque señalan que solo en los países donde está plenamente perseguida. El asunto cambia cuando estos actos reprobables forman parte habitual del gobierno y disfrutan del amparo de los organismos políticos. En ese caso, no existen divergencias de género en cuanto a la corrupción.

Corrupto: Marcado por el funcionamiento del cerebro

lado izquierdo del cerebro es corrupto

Confundir la falta de principios con una enfermedad mental

En definitiva, más allá de la política, el azote de la corrupción es un mal de nuestra sociedad, donde habría que hacer un cambio profundo de nuestros principios y valores, de manera que se frenara esa parte devastadora que tiene el sistema; dejando de valorar el instinto egoísta y acaparador arraigado en algunos, y premiando la honestidad y la integridad del individuo.

Como descubrir las falacias del corrupto

Aunque la corrupción no se trata de un trastorno mental como tal si se descubre en el comportamiento de la persona corrupta los suficientes indicios como para marcar en nuestra consciencia que existe algo no visible a simple vista.

El corrupto es de naturaleza egoísta, mucho más egoísta que el niño que no quiere compartir un juguete. El corrupto quiere para si lo mejor y en el menor tiempo posible. El corrupto quiere estar por encima de los demás y no duda en utilizar distintas artimañas para mantener la corrupción que lo ennoblece. Para ello el corrupto recurre a utilizar en su comunicación un lenguaje ambiguo que enrede y mitigue la mentira que llevan sus palabras. Al corrupto le gusta la ambigüedad juega al divide y vencerás para que reine la incompetencia. Las personas corruptas niegan que exista el conflicto o minimizan los fallos ocasionados por su corruptela abogando por una mano invisible. El corrupto siente un desmedido amor por el dinero, no tiene conciencia social aunque la utilice para sus fines últimos. El corrupto es un peligro social y moral que corrompe a otros contagiándonos como quien contagia la risa o el miedo a base de regalos o amenazas. Para el corrupto el abrigo de la ley es un eufemismo pues prefiere apañarse con las autoridades que ven su cargo público como un lucrativo negocio.

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