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Los ingresos por trastornos psiquiátricos en niños y adolescentes crecen un 45% en un año

 

El consumo de drogas, los estilos de vida actuales o las psicosis que se desatan en la pubertad alimentan esta tendencia.

El Clínico atendió en 2010 más de 5.800 consultas en las que los menores sufrían depresiones, problemas de adaptación  o esquizofrenia, entre otras dificultades.

En la unidad de psiquiatría infanto-juvenil del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa no dan abasto para asumir todo lo que les está llegando. Solo el año pasado, sus profesionales recibieron 5.836 consultas: 726 nuevas y otras 5.110 de revisión. Los casos más graves (106 niños y adolescentes) tuvieron que ser hospitalizados. De ellos, aproximadamente 42 sufrían desórdenes de la conducta alimentaria (anorexia, atracones o bulimia), una cifra que se ha ido conteniendo poco a poco. Sin embargo, los 64 restantes fueron diagnosticados de trastornos de adaptación al entorno, agresividad explosiva, episodios psicóticos por consumo de tóxicos, esquizofrenia, depresión, trastorno bipolar o conductas suicidas, entre otros.

En 2009, solo un año antes, los ingresados por éstas causas fueron 44. Es decir, los casos han aumentado un 45%.

El incremento del Clínico responde a una realidad global y el Ministerio de Sanidad ya ha mostrado su preocupación por una “epidemia” tan estigmatizada como difícil de identificar a tiempo. Se calcula que hasta un 20% de todos los niños y adolescentes desarrollarán trastornos mentales en la infancia. De ellos, el 8% serán trastornos mentales graves. “Los niños y los adolescentes que los padecen ven comprometida su evolución, porque se ve afectada su vida familiar, la escolar la laboral y la social. Además, deben ser tratados precozmente y por equipos muy especializados” explica Mariano Velilla, jefe de la unidad de psiquiatría infanto-juvenil del Hospital Clínico.

Por una parte, los más pequeños son una presa relativamente fácil para las depresiones: tristezas difíciles de diagnosticar debidas a rupturas familiares, abusos y otros traumas. El déficit de atención y la ansiedad son también enemigos de los más pequeños.

Las drogas, desde los 12 años
A partir de la pubertad, la cosa cambia: saltan resortes físicos, hormonales y conductuales que pueden marcar sus vidas para siempre. “Las nuevas generaciones tienen, mucho más riesgo de desarrollar algunos trastornos porque viven en una sociedad difícil de afrontar. Están acostumbrados a conseguir todo con poco esfuerzo, y en cuanto aparece algún problema son presa de la frustración, que a veces se exterioriza con conductas violentas o que adopta la forma de la ansiedad o la depresión”, explica el jefe de la Unidad.

A los 12 años se produce una doble casuística: por un lado, hay chicos predispuestos genéticamente a padecer psicosis esquizofrénica o episodios de trastorno bipolar que se hacen visibles al iniciar el consumo. Otros recurren a las drogas porque les permiten evadirse de las depresiones o los trastornos que ya sufren.

“En las redes sociales, los chavales viven una pseudorrealidad y están muy expuestos a conductas negativas sin buenos mecanismos para controlarlos”, matizan desde la unidad. En otros casos, lo que falla es el soporte de la familia. “El niño necesita un clima de afecto seguro, que se le transmitan valores y normas de conducta. A veces, se cree que los hermanos mayores pueden suplir a los padres, y no es así. Los divorcios difíciles o las discusiones constantes tampoco ayudan”, aseguran

Otros problemas llegan por la dificultad de los chavales para integrarse. “La agresividad ha aumentado enormemente, así cómo los menores emocionalmente muy inestables, con conductas “en cortocircuito””, añaden.

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