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Las preocupaciones de madres y padres

preocupaciones y ansiedad de padres de adolescentes

 

La adolescencia es un periodo complicado en la vida de las personas. Viene definida por el cambio en todos los ámbitos: moral, intelectual y físico (exterior y hormonal). Por tanto, estos años pueden resultar tumultuosos y generar una gran ansiedad en los padres, ya que a sus preocupaciones tradicionales se unen otras más específicas como la influencia negativa de ciertas compañías, las drogas o el alcohol. Los padres y madres tienden a querer controlar más a sus hijos e hijas adolescentes hecho que en ocasiones de demuestra contraproducente.

El adolescente se encuentra en una etapa de la vida en la que se siente extraño, incluso con su propio cuerpo; se considera incomprendido y necesita encajar en un grupo para que se desvanezca esa sensación de perpetuo aislamiento. Se trata, en definitiva, de un problema de baja autoestima que en ocasiones es ignorado por madres y padres.

Esta pobre percepción de sí mismos les hace vulnerables, además, a trastornos como la anorexia y la bulimia, y proclive a caer en el consumo de drogas y alcohol. Veamos las consecuencias que se pueden derivar de la baja autoestima de un adolescente:

Adicción

El consumo de drogas, de tabaco y de alcohol van muy ligados a la pobre imagen que ciertos jóvenes de entre 11 y 18 años tienen de sí mismos; imagen en muchos casos acrecentada por los modelos irreales que presentan los medios de comunicación de esculturales cuerpos que los adolescentes desean imitar, lo que les provoca una gran ansiedad. La frustración que sienten ante la imposibilidad de lograrlo les hace caer en el consumo de sustancias que les llevan a olvidar o sumirse en estados de falsa y efímera felicidad. En otros casos, las adicciones vienen motivadas por la influencia negativa de ciertas compañías, que buscan para saciar la necesidad de pertenencia a un grupo.

Trastornos de la alimentación

Los trastornos de la alimentación más comunes son la anorexia y la bulimia. La primera se caracteriza por un temor enfermizo a ganar peso y por una percepción errónea y delirante del propio cuerpo, mientras que la segunda responde a la incapacidad de frenar los impulsos que llevan a darse atracones de comida, seguidos por los vómitos autoinducidos debido al sentimiento de culpa por haber ingerido demasiados alimentos.

Entablar una comunicación saludable con los hijos para que estos se acepten tal y como son resulta fundamental para evitar este tipo de patologías que tanto preocupan a los padres de adolescentes y que pueden convertir en pesadilla esta etapa de la vida.

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