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Niños psicópatas, signos de advertencia

Antecedentes y factores que influyen en el psicópata

Un psicópata se caracteriza sobre todo por su carácter antisocial, no siente empatía por las demás personas. Es difícil definir a un psicópata en concreto con características en común, ya que cada uno puede presentar rasgas diferentes, por lo que no hay definición del psicópata al uso. Un rasgo común es que no se siente identificado con el comportamiento o código ético común de la sociedad.

Niños aislados de la sociedad

El niño psicópata tiende a aislarse de la sociedad, se crea un código de conducta propio y suele mostrar una madurez emocional muy poco común al resto de los niños. El comportamiento antisocial, piromanía o maltrato animal son rasgo comunes a estos niños psicópatas, pero todo ello puede desaparecer con la edad y no tiene por qué ser clave para que el niño se convierta en un psicópata.

Antecedentes y factores que influyen en el psicópata

Puede haber factores genéticos o ambientales, como antecedentes en la familia o niños con padres alcohólicos. El tratamiento en estos casos ha de ser temprano y analizar las posibles causas, además de intentar adentrar al niño en las costumbres sociales.

La visión del psicópata en el cine

En la película “La mala semilla”, la niña, llamada Rhoda y protagonizada por Patty McCormack, es una niña de pelo rubio y que muestra una enorme risa caníbal. En este film se debate si el psicópata se nace o se va haciendo con el tiempo. En la película la niña comete feroces crímenes con la única razón de ir obteniendo cosas que envidia de otras personas. La madre de la niña empieza a sospecha de su propia hija, por ello empieza a explorar en la historia familiar, para más tarde descubrir que la abuela también cometía crímenes similares a los de la niña.

Otra película para analizar este fenómeno es la de “El Exorcista”, de William Friedkin.

Regan, la niña interpretado pro Linda Blair, es una niña que está demasiado protegida por su propia madre. En este caso, la niña empieza a padecer una gran cantidad de cambios violentos en su comportamiento que llegan a un estado horrible en el que la madre se ve impulsada a llamar a un sacerdote, que se encarga de la misión de expulsar el demonio de esta niña poseída.

Atentos a estos signos de advertencia que deberían preocuparnos

Son varios los signos de advertencia a los deberíamos estar atentos si tenemos la sospecha de que alguien de nuestro entorno podría tener un comportamiento psicópata.

  1. Historial de enfermedades mentales no tratadas en el menor o en familiares consanguíneos.
  2. Patrón de comportamientos violentos de menor a mayor grado a lo largo del tiempo.
  3. Manifestación verbal de tener un pensamiento violente y el deseo de llevarlo a cabo a través de un plan meditado.
  4. Cuidado con los comportamientos erráticos con episodios de enojo y agresividad, tras ellos pueden esconderse tendencias suicidas.
  5. Vigilar la navegación por Internet. La preferencia por determinados tipos de juegos de ordenador, la visita a páginas web de carácter violento y la difusión dicha temática por sus propias redes sociales pueden ser indicativas de un pensamiento psicópata.
  6. Estar atento si se conjugan las tres conductas sociópatas por excelencia:
    • Mojar la cama (si es mayor de 12 años)
    • Torturar animales
    • Prender fuego a cosas
  7. Falta de empatía y de capacidad de ver las cosas desde otro punto de vista acompañado de mal comportamiento, conducta agresiva, pensamientos obsesivos y aislamiento voluntario.

La terapia del diálogo

Posiblemente podríamos añadir a la lista otras conductas que quizás serían clara señal de que nuestro hijo o hija sufre una sociópatia que debiera ser tratada en un centro especializado en trastornos mentales. Sin embargo el indicador que más suele ser ignorado por los padres es la propia intuición de que algo está pasando. Es habitual que ante algunos de los signos citados los padres se nieguen a creer que él o ella son diferentes.

La clave para conocer si algo no va bien está en la comunicación. Además de mantenerse alerta cuando se detecten cambios en el comportamiento, las notas, los amigos, los gustos a la hora de vestir e incluso los problemas a la hora de dormir hay que mantener el diálogo. Cuando se es padre o madre se tiene la obligación de mantener la comprensión y el dialogo ante las distintas vicisitudes que un infante puede vivir en el tránsito hacia la vida adulta. Solo así podremos conocerlos en profundidad y saber cuándo algo no va bien para poder ayudarlos.

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