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La soledad

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La soledad suele considerarse en muchas ocasiones como el resultado de una elección personal de vida o como un simple accidente al que llevan diferentes causas. Sin embargo, conviene olvidar estas visiones clásicas y centrarse más en reconocer la soledad como una seria patología que, en muchas ocasiones, suele acompañar a importantes trastornos de la personalidad. En este sentido, la soledad suele inducir al enfermo a una serie de comportamientos y dinámicas sociales que pueden agravar el estado de cualquier enfermedad mental y, además, provocar un deterioro de la salud física irreversible.

Trastornos de la personalidad

Centrándonos en las personas que sufren algún trastorno de la personalidad, la soledad no se parece en nada a un placer o a una elección propia, por lo que su vivencia puede provocar otros problemas más severos como la angustia y la depresión. Así, en personas con cuadros clínicos diagnosticados, la soledad se vive como una condena relacionada con la enfermedad, aunque en muchos casos no llega a establecerse la relación mental que conduce de la enfermedad a la soledad.

El aislamiento de quien sufre un desequilibrio mental

En este sentido, puede plantearse la soledad de dos formas muy distintas, ya que puede provenir del entorno del enfermo, que lo aísla por el simple hecho de serlo, o proceder como una consecuencia personal del desequilibrio mental que se sufra. En ambos casos, la soledad va a provocar un empeoramiento de los síntomas de la enfermedad, por lo que ninguna de estas dos vertientes puede producirse si se quiere ayudar al enfermo y si se quiere salir de la enfermedad.

¿No hay nadie ahí?

Por otro lado, el propio enfermo percibe la soledad como una fuente de angustia y tensión, ya que el aislamiento social se entiende como un castigo o como una consecuencia de alejamiento de los demás producidas por su enfermedad. De este modo, el enfermo manifiesta problemas asociados a la soledad, sucediéndose en su interior, tanto psíquico como físico, una serie de alteraciones que empeorarán la enfermedad originaria.

El perfil psicológico de la soledad

Y es que la soledad no solo se manifiesta de un modo psicológico. El estado físico también se deteriora en estados de aislamiento no voluntario, una situación que puede ser la puerta para otras enfermedades. Así, numerosos estudios han demostrado que el sistema inmunitario se resiente en estados de soledad y que, por ejemplo, también suele producirse una alarmante subida de los niveles de tensión arterial, síntomas que pueden degenerar en un buen número de enfermedades.

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