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Los trastornos de la personalidad (1 de 2)

Una personalidad mal formada tiene efectos sobre las emociones, el pensamiento, el comportamiento y las relaciones del afectado.

Trastorno de la personalidad como enfermedad mental
Los trastornos de la personalidad son una patología que afecta a entre el 5% y el 15% de la población. Se dan tanto en hombres como en mujeres e impiden que la persona se adapte a su entorno y generan un importante sufrimiento psicológico. Los primeros síntomas se dan durante la adolescencia o al inicio de la edad adulta. A pesar de que entre la comunidad científica predomina la idea de que su origen se debe a una suma de factores biológicos y ambientales, muchos especialistas consideran que la raíz de estos trastornos hay que buscarla en la infancia. Su tratamiento se realiza, por norma general, con una combinación de psicofarmacología y psicoterapia.

La personalidad: la manera de ser

La personalidad es la forma reconocible por uno mismo y por los demás de comportarse y relacionarse con el entorno, la columna vertebral sobre la que se construye toda la vida psicológica. El sufrimiento que generan los trastornos de la personalidad no tiene que ver con circunstancias externas sino que deriva, precisamente, de que la estructura básica no está bien formada. La personalidad se tambalea y la mayor parte de los ámbitos de la vida de la persona se ven afectados: las emociones, el pensamiento, el comportamiento y las relaciones.

Por este motivo, para diagnosticar un trastorno de la personalidad es necesario descartar que haya factores externos (divorcio, consumo de drogas u otros trastornos) que expliquen los problemas psicológicos. A pesar de que se trata de una patología muy frecuente, no es tan conocida como la depresión o la ansiedad, cuya incidencia en la población es mucho menor. Este desconocimiento provoca que muchas personas sufran un trastorno de la personalidad sin saberlo.

“Creo que hay muchas personas con trastorno de la personalidad que están sin diagnosticar y que, de manera clara, llevan una vida de no adaptación al medio”, según Elisabeth Sogorb, psicóloga especializada en el trastorno límite de la personalidad en la Fundación ACAI-TLP. Aunque no reciban tratamiento, la intensidad de estos trastornos suele disminuir con la edad. Por otro lado, la prevalencia es mayor en ambientes marginales y de desintegración social, y cuando se mejoran las condiciones en estas zonas, las cifras disminuyen.

Características generales

Los afectados manifiestan una serie de comportamientos y sentimientos rígidos y desadaptativos que les generan sufrimiento psicológico y problemas en sus relaciones personales. Esta forma de actuar es duradera y no se limita a episodios concretos de su vida. Las primeras señales, a menudo, se observan ya al final de la infancia o durante la adolescencia; y se prolongan durante la madurez. Estas personas creen que su forma de ser es inevitable. Aseguran que, muchas veces, intentan cambiar pero sienten que ello no depende de su voluntad; consideran que son así, que es su forma de ser.

Problemas para mantener relaciones personales
Actualmente, predomina la idea de que su origen se debe a una suma de factores biológicos y ambientales. De todos modos, muchos expertos consideran que la raíz de estos trastornos hay que buscarla en la infancia.

“Lo principal son los primeros vínculos del bebé con el entorno: padre y madre. Si se crea un buen apego, la personalidad se puede formar con confianza y se pueden generar buenos relaciones también con el exterior y con las personas de fuera de la familia (colegio, amigos, etc.). Aunque las causas son múltiples: hay aspectos biológicos y genéticos que hacen que la persona sea más vulnerable a padecer un trastorno de la personalidad, ya sea por su extrema sensibilidad o porque es muy reactiva. Y si, además, se forma en un ambiente no contenedor, desestructurado, que no entiende su sensibilidad, se puede producir un trastorno de la personalidad“, explica Elisabeth Sogorb.

Diagnóstico reciente
No es extraño que estos trastornos sean poco conocidos, porque se empezaron a estudiar hace treinta años, esto es poco tiempo en términos de historia de la ciencia. “Antes no se hablaba de trastorno de la personalidad, sino de personalidad psicopática“, explica Joan Romeu, psiquiatra y neurólogo. “De esta manera, se definía a las personas que no sufrían un trastorno mental pero que tenían algunos rasgos psicopatológicos“, añade. Da la impresión de que cada vez se diagnostican más trastornos de la personalidad, pero tiene que ver con el aumento de la esperanza de vida.

La esperanza de vida es mayor y hay más tiempo de sufrir más enfermedades. Además, la población ha aumentado mucho. Algunos trastornos de la personalidad se pueden considerar como formas menos graves de otras enfermedades mentales. Por ejemplo, es el caso del trastorno esquizotípico de la personalidad y el trastorno esquizoide de la personalidad. Son menos graves que la esquizofrenia pero comparten algunos rasgos con ésta.

Lo mismo sucede con el trastorno de la personalidad obsesiva-compulsiva y el trastorno obsesivo-compulsivo. De todos modos, cabe remarcar que hay algunos trastornos de la personalidad especialmente graves, “como el trastorno límite de la personalidad y el trastorno narcisista de la personalidad“, apunta Romeu.

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Autor: Consumer-Eroski
Fuente: www.consumer.es

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